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    sábado, 13 de agosto de 2022

    Discípulos de una Palabra que quema…

     ¡Buenos días, gente buena!

    XX Domingo Ordinario C

    Evangelio

    Lucas 12, 49-53

    En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!

    Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente!

    ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

    Palabra del Señor.

    Discípulos de una Palabra que quema…

    Yo he venido a traer fuego a la tierra. Todos hemos conocido hombres y mujeres apasionados del Evangelio, y los hemos visto pasar entre nosotros como llamas encendidas. La verdad es aquello que arde, ojos y manos que arden, que tienen luz y trasmiten calor: la vida es llama.

    ¿Piensan que yo he venido a traer paz a la tierra? Les digo que no, sino la división. Aquel que ha pedido amar a los enemigos, que ha llamado al diablo, “el que divide”, el peor enemigo del hombre, que ha pedido hasta el último momento por la unidad, “que todos sean uno” aquí se contradice. Y entiendo entonces que, bajo la superficie de las palabras, todavía debo buscar.

    Jesús mismo, tierno como un enamorado y valiente como un héroe, ha sido con toda su vida un signo de contradicción. Su Evangelio ha llegado como una liberación arrolladora: para las mujeres sometidas y excluidas por el machismo; para los niños, propiedad de sus padres; para los esclavos a merced de sus patrones; para los leprosos, los ciegos y los pobres.

    Se ha colocado de su lado, los invita a su banquete, hace de un niño el modelo de todos y de los pobres los príncipes de su reino, escoge siempre lo humano contra lo deshumanizado. Su predicación no dejaba en paz la conciencia, sino que la despertaba de las paces falsas. Paces aparentes, rotas por un modo más verdadero de entender la vida.

    La opción de quien se da, de quien perdona, de quien no se apega el dinero, de quien no busca dominar sino servir a los demás, de quien no quiere vengarse, se hace precisamente división, guerra, ruptura inevitable con quien solo piensa en la venganza, en sobresalir, dominar, con quien piensa que es vida solamente la del que gana. Yo espero que los cristianos alguna vez acaricien el mundo a contrapelo. Rectos, contracorriente, sin acomodarse a los poderosos o al pensamiento dominante. Que descubran y vivan la “bienaventuranza de los que se oponen”, de quien se opone a todo lo que hace mal a la historia y al corazón de los hijos de Dios.

    En el Evangelio apócrifo de Tomás, aparecen estas palabras en labios de Jesús: ”Estar cercano a mí es estar cercano al fuego”. Somos discípulos de un Evangelio que quema, ¿nos enciende al menos a veces, o tenemos una fe que corre el riesgo de ser solo un tranquilizante, una fe somnífera? El Evangelio no es un balbuceo sino un altavoz. Te hace voz de quien no tiene voz, el justo que lucha en medio de las injusticias, nunca pasivo o cansado, nunca sin fuego.

    Cómo quisiera que este fuego ya estuviera ardiendo. Y, pues, ¡arde! Dentro de las cosas está la semilla incandescente de un mundo nuevo. Hay una gota de fuego también en mí, una lengua de fuego sobre cada uno de nosotros en Pentecostés, está el Espíritu Santo que enciende sus zarzas a la vuelta de todos los caminos.

    ¡Feliz Domingo!

    ¡Paz y Bien!

    Fr. Arturo Ríos Lara, ofm





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    Articulo Revisado: Discípulos de una Palabra que quema… Calificacion: 5 Revisado por: Fr. Arturo Ríos Lara
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