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    sábado, 13 de julio de 2019

    El actuar de la misericordia

    ¡Buenos días, gente buena!
    Fr. Arturo Ríos Lara, ofm.
    XV Domingo Ordinario C
    Lucas 10,25-37:

    En aquel tiempo, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?». Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?».
    El le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo». «Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida».
    Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?».
    Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: "Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver"
    ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?».
    «El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera».
    Palabra del Señor.

    El actuar de la misericordia
    No me canso de escuchar esta parábola; es un relato que sigo mando porque genera humanidad, porque contiene el rostro de Dios y la solución posible de todo el drama del hombre. ¿Quién es mi prójimo? Es la pregunta de donde se parte. La respuesta de Jesús opera un cambio de sentido (¿Quién de estos te parece que se ha hecho prójimo?), modifica el concepto radicalmente: tu prójimo no es a quien tú haces entrar en el horizonte de tus atenciones, prójimo eres tú cuando te haces cargo de alguien; no a quien tú amas, sino tú cuando amas.

    La palabra central de la parábola, de la cual se desprende todo gesto sucesivo del samaritano está expresada en las palabras “tuvo compasión”. Literalmente, en el Evangelio de Lucas indica e ser tocado en las entrañas, como una mordida, un calambre en el estómago, un espasmo, una rebelión, algo que se mueve dentro, y que después es la fuente de donde brota la misericordia actuante.

    Compasión es probar dolor por el dolor del hombre, la misericordia es el inclinarse, el hacerse cargo para curar las heridas. En el Evangelio de Lucas, “sentir compasión” es un término técnico que indica una acción divina con la que el Señor restituye vida a quien no la tiene. Tener misericordia es la acción humana que deriva de este “sentimiento divino”. Los primeros tres gestos del buen samaritano: ver, detenerse, tocar, trazan las primeras tres acciones de la misericordia.

    Ver: vio y tuvo compasión. Vio las heridas y se dejó herir por las heridas de aquel hombre. El mundo es un inmenso llanto y Dios navega en un río de lágrimas, invisibles a quien ha perdido los ojos del corazón, como el sacerdote y el levita. En cambio, para Jesús mirar y amar eran la misma cosa: él es la mirada amorosa de Dios.

    Detenerse: interrumpir el propio camino, lo propios proyectos, dejar que sea el otro quien dicte la agenda, detenerse al lado de la vida que gime y llama. Yo he hecho mucho por este mundo cada vez que simplemente suspendo mi carrera para decir “gracias”, para decir “aquí estoy”.

    Tocar: el samaritano se hace cercano, derrama aceite y vino, venda las heridas de aquel hombre, lo carga, lo lleva. Tocar es una palabra dura para nosotros, reclama al cuerpo, nos pone a prueba. No es fácil tocar a un contagioso, al infectado, al llagado. Pero en el Evangelio cada vez que Jesús se conmueve, se detiene y toca. Mostrando que amar no es un acto emotivo, sino un hecho de manos, de tacto, concreto, tangible.

    El samaritano se hace cargo del hombre herido de un modo hasta exagerado. Pero precisamente en este exceso, en este dispendio de gratuidad, en comportarse sin cálculos, en este amor unilateral y sin condiciones, se convierte en una feliz, en una divina noticia para la tierra.
    ¡Feliz Domingo!
    ¡Paz y Bien!




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    Articulo Revisado: El actuar de la misericordia Calificacion: 5 Revisado por: Fr. Arturo Ríos Lara
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