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    sábado, 19 de enero de 2019

    Hagan todo lo que él les diga


    Hagan todo lo que él les diga
    ¡Buenos días, gente buena!
    Fr. Arturo Ríos Lara, ofm.
    II Domingo Ordinario C
    Evangelio: Juan 2, 1-11:
    Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí.  Jesús también fue invitado con sus discípulos. 
    Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía». Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga». 
    Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas». Y las llenaron hasta el borde. 
    «Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete». Así lo hicieron. 
    El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su o rigen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y les dijo: «Siempre se sirve primero el bu en vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento». 
    Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él. 
    Palabra del Señor.

    En todo Israel resonaban los lamentos de los esclavos y los leprosos, y Jesús parece ignorarlos e inicia su ministerio en una fiesta de bodas. En vez de enjugar las lágrimas, llena las copas de vino. Parece indiferencia ante el dolor de los pobres, escoge algo que parece secundario ante el drama del mundo, sin embargo el Evangelio llama a esto “el príncipe de los signos”, el maestro de todos.
    Jesús quiere trasmitir en Caná el principio decisivo de las relaciones que une a Dios y la humanidad. Entre el hombre y Dios corre una relación nupcial, con toda su gama de emociones fuertes y buenas: amor, fiesta, don, exceso, alegría. Un lazo esponsal, no una relación jurídica o penitencial, ata a Dios con nosotros, un vino de fiesta. En Caná, Jesús participando en una fiesta de bodas proclama su acto de fe en el amor humano. El cree en el amor, lo bendice, lo renueva con su primer prodigio, lo conecta a Dios. Porque el amor es la primera señal indicadora que se ha de seguir por los caminos del mundo, un acontecer siempre decretado desde el cielo.

    Jesús toma el amor humano y lo hace símbolo y mensaje de nuestra relación con Dios. También creer en Dios es una fiesta, también el encuentro con Dios genera vida, lleva un florecer de ánimo, una primavera que se repite. Pensábamos que Dios fuera amigo del sacrificio y de la gravedad y así habíamos cubierto el Evangelio con un velo de tristeza. Y no, en Caná nos sorprende un Dios que goza con la alegría de los hombres y la toma por su cuenta. Deberíamos amar y encontrar a Dios precisamente en nuestra vida y en el bien que nos da. Encontrarlo y agradecerle en nuestra felicidad terrena.

    Pero, “viene a faltar el vino”. El vino, en toda la Biblia, es el símbolo del amor feliz entre el hombre y la mujer, entre el hombre y Dios. Feliz y siempre bajo amenaza. Ya no tienen vino, experiencia que todos hemos tenido cuando el cansancio y la repetición toman la delantera. Cuando nos asaltan mil dudas, cuando los amores no tienen alegría, las casas no tienen fiesta, la fe no tiene pasión.
    Pero está el punto de vuelta del relato. María, la mujer atenta a lo que sucede en su espacio vital, sabia de la sabiduría del Magnificat (sabe que Dios sacia a los que tienen hambre de vida) señala el camino: “Hagan lo que él les diga”. Hagan lo que dice, cumplan su Evangelio, vuélvanlo gesto y cuerpo, sangre y carne. Y se llenarán las ánforas vacías del corazón.
    Cumplan el Evangelio y se transformará la vida, de vacía en llena, de apagada en feliz. Más Evangelio es igual a más vida. Más Dios equivale a más yo. Llega como un más sorprendente como vino inmerecido y sin medida, una semilla de luz. Tengo tanta confianza en él, porque no tiene cuenta de mis méritos sino de mi necesidad.

    ¡Feliz Domingo!
    ¡Paz y Bien!





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    Articulo Revisado: Hagan todo lo que él les diga Calificacion: 5 Revisado por: Fr. Arturo Ríos Lara
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