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    viernes, 31 de agosto de 2018

    Señor, cinco millones me dejaste...

    Señor, cinco millones me dejaste...
    Sábado 1 de septiembre
    ¡Paz y Bien!

    Evangelio 
    Mateo 25, 14-30
    En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: "El Reino de los cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco millones; a otro, dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue.

    El que recibió cinco millones fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió un millón hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su señor.
    Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores.
    Se acercó el que había recibido cinco millones y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco millones me dejaste; aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado”. Su señor le dijo: “Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor”.

    Se acercó luego el que había recibido dos millones y le dijo: “Señor, dos millones me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado”. Su señor le dijo: “Te felicito siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor”.

    Finalmente, se acercó el que había recibido un millón y le dijo: “Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu millón bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.

    El señor le respondió: “Siervo malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco para que, a mi regreso, lo recibiera yo con intereses? Quítenle el millón y dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco, se le quitará aun eso poco que tiene. 

    Y a este hombre inútil, échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación” ".
    Palabra del Señor.

    Reflexión 
    Encontrar buenas razones para no trabajar puede resultar fácil, pero al final las consecuencias, como en este caso, pueden ser catastróficas, sobre todo, cuando se refiere a trabajar en la construcción del Reino. 

    Viendo una sociedad en la cual el Evangelio no es, ni en mucho ni en poco, la regla de vida, viene a nuestra mente el pensar: ¿Qué ha pasado? ¿Por qué después de más de dos mil años desde que se inició la construcción del Reino vivimos todavía en un mundo sin Reino? La respuesta es simple: No han habido suficientes personas que se interesen en ello. Todo se lo dejamos a los sacerdotes, a los religiosos y esperamos sentados a que todo en el mundo cambie. Recordemos que la responsabilidad que Jesús nos encargó es la de "anunciar el Evangelio" y esto, como claramente lo han expresado todos los santos Padres y los sumos Pontífices, es una responsabilidad que compete a todos. 

    A cada uno de nosotros, Dios nos ha dado una serie de talentos, de dones para que su Palabra sea conocida. Cierto que puede ser que a unos más y a otros menos, pero aun el que menos ha recibido tiene, como mínimo, su vida, que ha de ser testimonio e invitación para que otros sigan el camino de Jesucristo. A éstos, a los que creen que no tienen nada, a los que sólo les ha dado un carisma, esos son los que deben preocuparse y ponerlo a trabajar, pues en la hora en que regrese Jesús no habrá excusas, sólo resultados. 

    Pon al servicio del Señor, al servicio del Evangelio, tus bienes, tus dones, todo lo que has recibido de él, para que puedas oír de Jesús: "Te felicito siervo bueno y fiel, entra a tomar parte en la alegría de tu Señor".





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    Articulo Revisado: Señor, cinco millones me dejaste... Calificacion: 5 Revisado por: Fr. Arturo Ríos Lara
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