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    domingo, 24 de junio de 2018

    Su nombre es Juan

    Su nombre es Juan

    Fr. Arturo Ríos Lara, ofm


    ¡Buenos días, gente buena!

    Nacimiento de san Juan Bautista

    Lucas 1, 57-66.80
    Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella. A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: «No, debe llamarse Juan».

    Ellos le decían: «No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre». Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Este pidió una pizarra y escribió: «Su nombre es Juan». Todos quedaron admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.

    Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: «¿Qué llegará a ser este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel. Palabra del Señor


    El nacimiento de Juan Bautista nos enseña que los hijos no son nuestra propiedad. En el paso entre los dos Testamentos hay un tiempo de silencio: la palabra, quitada al sacerdocio, escapada del templo, se está formando en el vientre de dos madres, Isabel y María. Dios escribe su historia dentro del calendario de la vida, fuera de los recintos sagrados. Zacarías ha dudado. Ha cerrado los oídos del corazón a la Palabra de Dios y desde ese momento ha perdido la palabra. No ha escuchado y ahora ya no tiene nada que decir.

    Y a pesar de eso, las dudas del viejo sacerdote (mis defectos y mis dudas) no detienen la acción de Dios. Para Isabel se cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo… y los vecinos se alegraban con la madre. El niño, hijo del milagro nace como una feliz irrupción, viene a la luz como una palabra feliz, vértice de todos los nacimientos del mundo: todo nacimiento es profecía, cada niño es profeta, portador de una palabra de Dios única, pronunciada una sola vez.

    Querían llamar al niño con el nombre de su padre, Zacarías. Pero los hijos no son nuestros, no pertenecen a la familia, más bien a su vocación, a la profecía que deben anunciar, a la humanidad; no al pasado, sino al futuro. El sacerdote calla y es la madre, laica, quien toma la palabra. Un cambio revolucionario de las partes. Isabel ha sabido escuchar y tiene la autoridad para hablar: “Se llamará Juan”, que significa don de Dios (en la cultura bíblica, decir el nombre es como decir la esencia de la persona).

    Isabel sabe bien que la identidad de su niño es la de ser don, que la vida que siente saltar, que sentirá danzar dentro de sí, viene de Dios. Que los hijos no son nuestros, vienen de Dios: caídos de una estrella entre los brazos de la madre, llevan consigo el centellear del infinito. Y esta es también la identidad profunda de todos nosotros: el nombre de cada niño ha de ser “don perfecto”. Y le preguntaban a señas a su padre cómo quería que se llamara…

    El padre interviene, lo escribe: don de Dios es su nombre, y la palabra vuelve a florecer en su garganta. En su viejo corazón, lo padres sienten que el pequeño pertenece a una historia más grande. Que el secreto de todos nosotros está más allá de nosotros. A Zacarías se le suelta la lengua y bendecía a Dios: la bendición es una energía de vida, una fuerza de crecimiento y de nacimiento que baja de lo alto y se ensancha.

    Bendecir es vivir la vida como un don: la vida que me has dado, ahora te la ofrezco, como un canto… “¿Qué será de este niño?” Gran pregunta que se ha de repetir, con veneración, ante el misterio de toda cuna. ¿Qué será, aparte de ser vida que viene de más allá, más allá de un amor que se hace invisible? ¿Qué traerá al mundo este niño, don único que Dios nos ha entregado y que no se repetirá nunca más?
    ¡Feliz Domingo!
    ¡Paz y bien!




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    Articulo Revisado: Su nombre es Juan Calificacion: 5 Revisado por: Fr. Arturo Ríos Lara
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